UN SUEÑO QUE ES POSIBLE HACER REALIDAD
Hace muchos, muchos años, Dios creó el mundo. Un mundo sin estrenar, con ríos de agua cristalina, mares, sin plásticos ni productos tóxicos, con multitud de peces; cielos, limpios de contaminación, cruzados por aves de diferentes clases y colores; bosques frondosos, sin talas masivas ni fuegos, con flores, frutos y animales de toda especie. Un mundo habitable donde hombres y mujeres de toda raza, lengua y nación convivían sin odios ni guerras, en armonía con el resto de la creación.
En este sueño de Dios al crear el mundo, el trabajo no era una elección del ser humano sino su dimensión fundamental como imagen suya y prolongación de su obra creadora. Obra creadora que llega a su plenitud en Cristo, quien da al trabajo dignidad, valor y sentido al trabajar la mayor parte de su vida con sus propias manos en Nazaret. Y esas manos de Cristo trabajador se prolongan hoy en las manos de los trabajadores.
Dios soñó un trabajo libre, creativo, solidario, participativo, inclusivo. Un trabajo que posibilitara vivir al ser humano en condiciones dignas. Un trabajo donde existiera la igualdad de oportunidades y de trato para todos. Porque todos somos iguales delante de Dios, todos somos sus hijos, todos somos personas humanas, todos tenemos derecho a vivir con dignidad. Hay para todos, cuando se comparte.
Este sueño de Dios sobre el trabajo comenzó a desmoronarse por la avaricia e insolidaridad humanas que fueron creando condiciones de trabajo frecuentemente injustas y deshumanizadoras como el desempleo y el empleo precario e inestable.
La situación de precariedad y desempleo va acompañada por una pérdida progresiva de derechos laborales y sociales y muchas formas de discriminación de la mujer en el ámbito del trabajo, especialmente en los aspectos de la retribución, la seguridad y la previsión social.
Se ha ido pervirtiendo el verdadero sentido del trabajo, considerado como pura mercancía, de modo que el trabajo ha ido pasando de “ser un bien para la vida a ser un instrumento para la producción”.
Pero otro modo de trabajo es posible En medio de este malestar que crea la injusticia e insolidaridad en el mundo del trabajo, comienzan a levantarse voces. Voces que hablan con total claridad, voces que suben el tono de su voz para ser escuchadas, voces que se van aunando en España. Son las voces de Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y la Juventud Obrera Cristiana (JOC).
Estas voces no se quedan en palabras, sino que renuevan su compromiso de favorecer dinámicas de sensibilización, visibilización y denuncia sobre la situación actual del trabajo y de anunciar el concepto de trabajo decente.
¿Y qué es el trabajo decente? Un trabajo que posibilita un salario justo, protege los derechos laborales y sociales que permiten vivir a la persona y a su familia en condiciones dignas, garantiza la igualdad de oportunidades y de trato para todos, y la libertad para participar en las decisiones que afectan a su vida.
Un acontecimiento muy importante va a tener lugar el 7 de
octubre de este año: la celebración del 10º aniversario de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMTD). Una jornada de movilización mundial reclamando un trabajo decente y la creación de una nueva economía mundial que dé prioridad a las personas.
octubre de este año: la celebración del 10º aniversario de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente (JMTD). Una jornada de movilización mundial reclamando un trabajo decente y la creación de una nueva economía mundial que dé prioridad a las personas.
Esta Jornada mundial para defender un trabajo decente, es una llamada a sacudir nuestra indiferencia y pasividad, a despertar nuestras conciencias, a reivindicar derechos.
Abramos nuestros ojos para mirar la realidad del mundo del trabajo, dejemos que nos toque el corazón.
Aportemos nuestras pequeñas o grandes luces y que se forme una luminaria gigante.
Unamos nuestras manos y que brote el compromiso de hacer un mundo mejor para el mundo del trabajo, porque el trabajo decente no es un cuento ni debe ser un cuento.
Rosario Hernández, ssj


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